Infraestructura, capital y estándares unen a América Latina y Medio Oriente en gobernanza tecnológica
Madrid, España.- La cooperación digital entre América Latina y Medio Oriente dejó de ser una declaración diplomática para convertirse en una agenda estratégica concreta. Así quedó planteado durante el Diálogo Digital Latinoamérica – Medio Oriente, moderado por Karina Reira, cofundadora de Alurralde Jasper + Asociados, con la participación de Bocar A. Ba, CEO del SAMENA Telecommunications Council, y Carlos Alberto Agreda Lema, Director Ejecutivo de la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes (ATT) de Bolivia.
Infraestructura, capital y estándares la alianza digital que puede reposicionar a América Latina y Medio Oriente en la gobernanza tecnológica global, coincidieron los exprtos durante el Digital Summit Latam.
En el debate coincidieron en que ambas regiones comparten ambición digital, pero enfrentan desafíos estructurales que requieren coordinación, previsibilidad regulatoria y nuevos esquemas de inversión.
Desde la perspectiva de Medio Oriente, Ba explicó que la escala en infraestructura no surge únicamente de la tecnología, sino de la alineación estratégica entre política de espectro, incentivos de inversión, fondos soberanos y operadores. En varios mercados del Golfo, la cobertura poblacional 5G supera el 90%, resultado de estrategias digitales nacionales de largo plazo y marcos regulatorios estables.
“Los inversionistas no rechazan la regulación; rechazan la incertidumbre”, afirmó.
Cambios impredecibles en licencias, datos o marcos fiscales desvían el capital hacia jurisdicciones más predecibles, reduciendo la velocidad de despliegue.
En contraste, América Latina ha demostrado agilidad regulatoria en innovación de servicios digitales.
El dinamismo fintech en Brasil, México y Colombia apoyado por sandboxes regulatorios permitió expandir inclusión financiera sin sofocar la experimentación empresarial para Ba, la combinación ideal sería integrar la disciplina de ejecución en infraestructura del Medio Oriente con la flexibilidad innovadora latinoamericana.
El paso siguiente debe ir “de la cooperación a los corredores digitales”.
La propuesta incluye fortalecer enlaces submarinos transatlánticos, desarrollar hubs regionales de nube capaces de soportar cargas de inteligencia artificial y promover plataformas conjuntas de inversión en centros de datos mediante capital combinado entre fondos soberanos y operadores privados.
La inteligencia artificial introduce una variable crítica: demanda alta capacidad de cómputo y proximidad de infraestructura. En este contexto, la cooperación interregional puede generar economías de escala y reducir la percepción de riesgo para el capital.
Agreda coincidió en la necesidad de articular inversiones bajo marcos de seguridad jurídica y políticas de Estado, no solo de gobierno. Bolivia, señaló, atraviesa una etapa de redefinición institucional tras años de predominio estatal en sectores estratégicos. La nueva visión apunta a fortalecer la participación privada sin descuidar el rol social de la conectividad.
Para el regulador boliviano, el desafío central en América Latina sigue siendo el cierre de la brecha digital. Regiones geográficamente aisladas o económicamente rezagadas requieren políticas que combinen incentivos de mercado con objetivos de inclusión.
En ese equilibrio, la regulación debe cumplir un triple rol: garantizar previsibilidad a los operadores, proteger los derechos de los usuarios incluida la privacidad y la calidad del servicio y articularse con políticas públicas nacionales que permitan armonización regional.
La fragmentación normativa incrementa costos y limita escala. Tanto Ba como Agreda coincidieron en que la interoperabilidad regulatoria y la armonización de estándares en espectro, movilidad de datos, gobernanza de inteligencia artificial y ciberseguridad fortalecerían la posición de ambas regiones en la discusión digital global.
Un punto adicional fue la movilidad de talento, en este aspecto un reconocimiento mutuo de certificaciones en IA y ciberseguridad facilitaría la circulación de profesionales y aceleraría la transferencia de conocimiento entre mercados emergentes.
En un entorno geopolítico cada vez más complejo, la construcción de bloques digitales interoperables puede convertirse en ventaja estratégica. Para Ba, el regulador del futuro no debe ser un guardián del mercado, sino un constructor de ecosistemas de confianza. Para Agreda, debe ser un facilitador que ordene el mercado y garantice que nadie quede excluido del proceso de digitalización.
El mensaje compartido fue que la regulación, lejos de ser una barrera, puede transformarse en activo competitivo si ofrece claridad, estabilidad y visión de largo plazo.
La alianza digital entre Latinoamérica y Medio Oriente, concluyeron, será creíble cuando genere proyectos financiables, infraestructura desplegable y resultados medibles. Solo así ambas regiones podrán pasar de ser mercados emergentes a arquitectos de la próxima fase de expansión digital global.

