Liderazgo femenino que nace en la infancia, una vía para transformar nuestro futuro
Por: Vittoria Peñalba, Directora de Filantropía Latinoamérica y México para World Vision
Como una respuesta a los diferentes desafíos económicos, ambientales, políticos y sociales, el liderazgo femenino brota como una necesidad estratégica, para convertir a la sostenibilidad, la transparencia y la responsabilidad social en pilares de las agendas públicas y privadas. La trascendencia de sus acciones más allá del discurso centrado en los criterios “ASG”, que resuena desde hace unas décadas en México y Latinoamérica, reconociendo la importancia de liderar y medir a las organizaciones bajo un enfoque sostenible, ético y con resultados que van más allá de la rentabilidad.
A pesar de que las mujeres que lideran por convicción, rigor técnico y sentido de propósito, gracias a su capacidad de tender puentes entre el sector privado, la filantropía y la sociedad civil; lamentablemente la brecha persiste: las mujeres seguimos subrepresentadas en los espacios donde se toman decisiones clave, como los consejos directivos, comités de inversión, órganos donde se definen prioridades ASG y estrategias de responsabilidad social empresarial.
Sin embargo, cuando participamos, los resultados suelen ser más integrales, pues la diversidad en el liderazgo se refleja en la calidad de las decisiones, amplía la mirada de riesgos y oportunidades, y fortalece la legitimidad de las organizaciones. Se trata de traducir valores en métricas y compromisos en impacto real. El liderazgo femenino no sólo transforma organizaciones, sino que contribuye a construir modelos de desarrollo más justos, resilientes y humanos.
El liderazgo femenino de alta dirección comienza en la infancia
Si queremos más mujeres liderando en el ámbito ASG y de RSE, debemos empezar por garantizar que las niñas crezcan en entornos que fortalezcan su autoestima, su acceso a educación de calidad, su participación y su capacidad de soñar en grande. No basta con abrir espacios en la cima si no hemos construido las condiciones desde la base. Promover el liderazgo femenino desde la infancia implica cuestionar estereotipos, ampliar referentes y generar oportunidades reales para que niñas y adolescentes desarrollen habilidades socioemocionales, pensamiento crítico y vocación de servicio.
Desde mi experiencia como Directora de Alianzas Estratégicas y Filantropía en World Vision México, he confirmado que invertir en niñas y mujeres no es un acto asistencialista; es una decisión estratégica de desarrollo. En las comunidades donde trabajamos, cuando una niña permanece en la escuela, cuando una joven accede a medios de vida dignos o cuando una madre fortalece su autonomía económica, el impacto trasciende lo individual. Se refleja en hogares más resilientes, en una crianza más protectora y en comunidades más cohesionadas. Se traduce en economías locales más dinámicas y en entornos donde la niñez puede desarrollarse con mayor bienestar.
Las mujeres son pilares del desarrollo económico y social. Son gestoras del cuidado, pero también de la innovación; constructoras de redes comunitarias y, cada vez más, articuladoras entre el sector privado, la filantropía y la sociedad civil. En el ámbito de la responsabilidad social y los criterios ASG, necesitamos más mujeres capaces de tender puentes entre valores y métricas, entre compromisos públicos y resultados medibles. Liderazgos que comprendan que el impacto no se limita a un informe anual, sino que se materializa en cambios tangibles en la vida de las personas.
Liderar desde el propósito ha sido, para mí, un ejercicio constante de equilibrio. Ser mujer en la industria de ASG/RSE implica navegar entre expectativas tradicionales y el desafío de posicionar la sostenibilidad como eje central de la gestión organizacional. Significa insistir en que el impacto social no es periférico, sino esencial para la relevancia y la perdurabilidad de cualquier institución en el siglo XXI. También implica promover una gestión colaborativa, basada en alianzas multisectoriales que integren a empresas, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales en torno a soluciones éticas, inclusivas y sostenibles.
Mi mayor llamado es claro: necesitamos abrir, fortalecer y sostener más espacios de liderazgo para las mujeres en todos los ámbitos (empresarial, social, comunitario, político y familiar), pero hacerlo desde una visión estructural. No se trata únicamente de equidad, aunque la equidad es indispensable. Se trata de eficacia y sostenibilidad. Una sociedad que excluye o limita el potencial de la mitad de su población está renunciando a una parte fundamental de su capacidad de innovación y resiliencia.
Promover el liderazgo femenino desde la infancia y consolidarlo en las estructuras de decisión es apostar por modelos de desarrollo más justos, más humanos y más sólidos frente a la incertidumbre global. Es reconocer que las mujeres líderes aportan miradas integrales, decisiones más empáticas y una profunda capacidad de construir futuro desde el diálogo y el cuidado del planeta.
Invertir en ellas, desde niñas hasta mujeres en posiciones estratégicas, no es solo una cuestión de justicia social, es una estrategia inteligente para construir sociedades más inclusivas, economías más sostenibles y comunidades donde cada niña pueda crecer sabiendo que su voz cuenta y que su liderazgo es necesario.

